Somos Mari Pepa

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Podemos ver una azotea. Al fondo está el cielo apenas azul y algunos edificios sucios, grises, descuidados. Sobre la azotea vemos una bataca parchada, un bajo, una lira electroacústica madreada y un atril con micrófono. A cada instrumento está su ejecutante, son cuatro. La escena no data del 30 de enero de 1969 cuando John, Paul, George y Ringo se treparon a la azotea del edificio de Apple Corps para interpretar la inocente "Don’t let me down”, sino de un toquín de Mari Pepa en el que interpretan sin cursilerías: I wanna cum in your face, Natasha!

“Somos Mari Pepa” es la extensión de un trabajo que le ha dado frutos al director tapatío Samuel Kishi Leopo, pues se trata de la continuación del que para la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas fue el mejor cortometraje de 2012, un trabajo llamado “Mari Pepa”. Ambas obras, el corto y el largo, son protagonizadas por un joven cualquiera, un joven como hay cantidades en México, uno de esos en cuyas vidas la escuela no figura así como tampoco el anhelo por una carrera de licenciado, sino que su único interés es armar su banda de punk, rolar en tocadas y cotorrear con alguna chava, la que se deje. Alex, nuestro protagonista, personaliza la idea tan punketa del “no hay futuro”.

¿Y cómo puede haber futuro si vive con su abuela anciana, no tiene contacto con su papá y su grupito de cuates se desintegra? Si esto no fuera poco, el Alex no ha besado siquiera a ninguna mujer. Por eso su único alivio es agarrar su lira y tocar los mismos tres acordes una y otra vez a la par que agita la mata. Pero el “no hay futuro” es tan jodido que empaña también el único deseo neto del protagonista: concursar en una guerra de bandas en la que deben presentar solo dos rolas. Dos rolas. Mari Pepa nada más tiene una. ¡Chale!

Hasta aquí parecería que “Somos Mari Pepa” es otra película mexicana más que nos habla de la situación tan difícil de la juventud mexicana, sin embargo no es del todo así. La cinta tiene sus momentos divertidos, incluso el inicio tiene tintes de sitcom televisiva. La película se disfruta en muchas escenas, pero al final deja un sabor agridulce, ese sabor que deja la falta de respuesta a la pregunta “¿Qué va a ser de ellos?” La idea del “no hay futuro” se amplía al final de esta película a un incómodo “no hay presente”, al menos no uno chido.

Somos Mari Pepa (2013) on IMDb