La Desnudez en un Silencio: Diego Herrera

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Una veladora descansa sobre un piano negro. La flama apenas ondea, mueve sus hombros lentamente, cierra los ojos para escuchar una melodía que Diego Herrera le dedica sentado al piano; mientras él desplaza sus dedos entre las blancas y negras, ella se deja sentir. Ella que en realidad es ellos. Ella, representante del padre de Diego; ella, el símbolo humeante del espíritu de Eugenio Toussaint e infinidad de maestros de vida y musicales del tecladista de Caifanes.

Música en silencio, el segundo disco solista de Diego Herrera, es un álbum catártico. El músico se desnuda de sus atavíos grupales, cuelga en un gancho el disfraz de Caifán, guarda en un cajón su paso por Palmera, se quita el calzado de Isla y tira a la ropa sucia el papel de músico de comerciales. Al final queda él, un hombre desnudo al piano exponiendo lo más profundo de sí en una nota musical.

No importa cuántas veces ha pisado un escenario, no importa cuántas gargantas han coreado “Nada” o “Amanece” (composiciones suyas) en un estadio, esta es la primera vez que Diego Herrera toca un piano, ese instrumento de madera muerta que produce vida, en público y eso lo pone nervioso. “Le tengo respeto a este animal”, repite una y otra vez refiriéndose a ese ser de cuatro patas, cola de color negro barnizado y dentadura brillante. El lugar de la presentación no podría ser más indicado: la Fonoteca Nacional, un espacio íntimo donde un puñado de amigos, conocidos y fanáticos se reunieron para escuchar la faceta más introspectiva del también saxofonista.

Herrera no niega que Caifanes ha sido una bendición en su vida, pero asegura que Música en silencio es su propia voz, una voz cuyo primer objetivo fue ser escuchada por su padre antes de morir. Este disco nace de una necesidad noble: un músico queriendo decirle a su padre cada vez más sordo cuánto lo quiere. Eugenio Toussaint también recibe un homenaje en este disco, se llama “El príncipe”, una pieza en la que colaboraron Enrique Toussaint y Alfonso André. ¿Por qué Eugenio? Porque Diego vivió un tiempo de su juventud en la casa del jazzista, entonces se ocultaba tras la puerta del pianista escuchándolo acariciar las teclas. Eso bastó para que el joven Herrera aprendiera música, lo hizo como un alumno clandestino que robaba la esencia al piano del maestro cuando este lo dejaba libre.

Al final de la presentación, cuando el piano toca en silencio, la flama no se consume. Sigue presente. Permanece fulgurante aunque callada. Ella, el alma de un disco dedicado a quienes nos acompañan en silencio.