Hell & Heaven: de Pesadilla a Insulto para los Metaleros

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Lo que ocurre con el festival metalero es una auténtica vergüenza. En un artículo anterior dije que la trama podría ser la envidia de la producción de La Rosa de Guadalupe. Ahora creo que ni el peor capítulo de la serie le llega al lamentable desenlace de Hell & Heaven.

En la noche, Juan Carlos Guerrero, vocero de Hell & Heaven, declaraba en exclusiva para El Universal que el festival estaba cancelado y que traería pérdidas por más de 150 millones de pesos, afectando a 500 familias. 

Más tarde, Juan Pablo Ruvalcaba, Director de Operaciones de Live Talent, desmintió  la noticia y declaró que el festival sigue en pie. En un artículo publicado en Reforma, tachó a Guerrero de ser "un simple vocero" y afirmó que él nunca dio la orden de anunciar que el festival estaba cancelado. Ruvalcaba dio una nueva fecha y hora (hoy jueves 13 de marzo a las 14:00 hrs, a tan sólo dos días del festival), para anunciar en conferencia de prensa la nueva sede oficial del Qué Payasos, perdón, Hell & Heaven. 

Esto es insólito y una absoluta falta de profesionalismo que insulta a las bandas, fans, medios, gobiernos y al propio país. Profeco ya emitió una alerta de posible fraude y afirmó que la gente puede pedir el reembolso de sus boletos porque están en su derecho de hacerlo. 

A mi me cuesta trabajo creer que en las redes sociales aún haya gente apoyando al festival. Tienen que ser paleros. No creo que la gente llegue a ese nivel de estupidez y seguir pensando que esto es serio. Por la forma en la que se comporta la empresa organizadora, deberían estar agradecidos, porque es una realidad que no tenían los permisos y que no estaban preparados para llevar a cabo un festival de tal magnitud. 

Varias bandas ya empezaron a anunciar su salida del evento a través de sus medios oficiales. ¿Qué pretende vender Live Talent? No hay duda que están intentando salvar su pellejo a toda costa. Son las últimas patadas de ahogado que muestran su patética forma de hacer las cosas. Tuvieron suficiente tiempo para posponer el evento. Ahora, con la soga al cuello, quieren saltar sin morir en el intento. Pero el hecho está consumado, el infierno se congeló, más que la propia Antártida.