Francisco Céspedes Cerró el Festival Cruzando Fronteras en Mahahual

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La mesa estaba servida para el gran cierre del Festival de las Culturas Cruzando Fronteras en Mahauhual, Quintana Roo, uno de los últimos verdaderos vestigios de auténtico Caribe que le quedan a nuestro país. No les puedo decir que es una playa virgen (porque no lo es), pero si un pueblo pintoresco con su propia identidad que te atrapa. La gente, como el clima, es cálida; tanto los locales como los extranjeros -que llegaron para quedarse- trabajan todos los días por salvar su pedazo de mar y tierra, razón por la cual se lleva a cabo el evento. 

Esta es la tercera edición del festival y el cartel se vestía de gala con la participación de Francisco Céspedes, cauntautor que se ha ganado un lugar importante en México. Como nunca -según me platican los que llevan años en el lugar- la gente comenzó a llegar de distintos lugares a Mahahual para el concierto del cubano. Los autos estacionados llenaban las avenidas principales. Todo el pueblo hablaba del recital y se preparaban para tomar su llegar en la cancha de fútbol (que con cariño llaman 'Zócalo'), donde el escenario principal ya estaba preparado para recibir a Céspedes y sus músicos. 

Desde las primeras horas de la mañana los ingenieros iniciaron con el montaje que se prolongó hasta entrada la tarde. El soundcheck también duró varias horas para dejar a punto el audio para la gran noche. La gente trabajó muy duro para tener todo listo para el concierto más importante en la historia de Mahahual. 

Nosotros también nos alistábamos para la gala, pero antes, volvimos a 40 Cañones –ya les contaré del lugar en otra nota- para la cena. Pasaban de las siete y se acercaba el momento de escuchar a Céspedes, pero teníamos el compromiso con los chicos del restaurante que nos invitaron para continuar degustando los platillos preparados para Sabor sin Fronteras, además de algunas de sus especialidades. Junto con Paola Galván (PR Experience), temíamos que el concierto iniciará mientras nos traían la cena; pensábamos que no íbamos a poder disfrutar ni una, ni otra, por el tiempo.

De pronto, de la calma llegó la tormenta: Chaak, el Dios de la lluvia Maya, desató su furia sobre Mahahual. Paola (elegantemente vestida), y yo (con mi guayabera de lino), nos volteamos a ver con sorpresa. “¡Qué bueno que nos esperamos!”, le dije, “nos hubiéramos empapado”. Tuvimos mucha suerte porque el tiempo que duró el aguacero nos permitó terminar de cenar cómodamente para después dirgirnos al Zócalo (cancha de fútbol), donde la gente, a pesar del baño inesperado, seguía igual de entusiasmada. En el escenario ya se presentaba la ceremonia protocolaria de clausura mientras las camionetas que transportaban a Céspedes llegaban al lugar. 

Todo Mahahual estaba reunido en un ambiente de fiesta. Inclsuo se dieron cita el Gobernador del Estado de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo, el alcade del pueblo, William Calderón Sánchez, y la familia de Francisco Céspedes que también llegaron para disfrutar del concierto.

Las luces se apagaron y el sonido del sax nos ponía la piel ‘chinita’. Una voz ronca se escuchaba a la lejanía mientras Pancho aparecía en el escenario vestido totalmente de negro con unos pequeños lentes obscuros redondos. “¿Dónde está la vida?”, cantaba… “en Mahahual”, afirmaba Céspedes, mientras la gente se desbordaba con gritos y aplausos. En ese momento parecía que la noche sería mágica, inolvidable e irrepetible… pero faltaba la segunda sorpresa insesperada de la noche.

El tremendo aguacero que cayó antes del concierto provocó un corto circuito en uno de los teclados. Cuando comenzaba la segunda canción el instrumento se fundió con un estruendoso sonido que dejó mudos a todos. Los ingenieros de sonido corrieron al escenario para tratar de solucionar el problema. Yo volteé preocupado a ver a Paola que tenía una cara de incredulidad absoluta. No podíamos creer lo que había pasado. Los músicos intentaban aminorar el problema y Céspedes, desesperado, trataba de entretener a público mientras la banda tocaba una melodía. Era evidente que con el paso de los minutos el cantaautor comenzaba a enojarse más y más hasta que decidió dejar el escenario. “Les vengo a cantar pero ya me estoy convirtiendo en payaso”, dijo Céspedes y se fue al camerino.

Para continuar con el concierto tuvieron que traer un nuevo teclado. Finalmente regresó Francisco, aunque su semblante no era el mismo del inicio. Con desdén, entre canciones comía unas galletas de coco que sacaba de su saco y hacía notar que lo que estaba pasando era ‘poco profesional’. A pesar de todo, la gente seguía entusiasmanda y poco a poco, con sus gritos e interés fueron ganándose nuevamente al cubano que había tomado una actitud un tanto soberbia. “Esto no hubiera pasado en Cuba”, afirmaba. Luciano Consoli, director del festival, tenía una opinión distinta.

El ambiente de fiesta cambió a incertidumbre. Céspedes seguía cantando mientras la gente le pedía 'Esta vida loca', a lo que respondió: “esa es una canción muy especial y por eso la voy a cantar hasta el final”. 'Esta vida loca', le volvían a gritar. Francisco se sentó en una banca, subió un pié en uno de los monitores de sonido y le dio gusto a la gente. “Porque tu me faltas quiero darle al alma el consuelo que le falta”, se escuchaba en el escenario. “Esta vida loca, loca loca…”, cantaba a coro con todo Mahahual. Fue en ese momento en que todos olvidamos lo que había ocurrido y Céspedes se volvió a enganchar con el público.

Entonces recordó a Armando Manzanero e interpretó ‘Esta tarde vi llover’, del maestro yucateco. Después contó una anécdota de Luis Miguiel de quien aprendió ‘Pensar en ti’, canción que también grabó y cantó con gran sentimiento. De Consuelo Velázquez nos regaló ‘Bésame mucho’, la canción más grabada y cantada en distintos idiomas en la historia.

“Este es un concierto atípico”, decía Céspedes mucho más relajado, “aquí sigo, cantando”.

Para cerrar el concierto recordó también al compositor cubano César Portillo de la Luz, fallecido en 2013, quien escribió el bolero ‘Contigo en la distancia’ cuando tenía 24 años de edad en 1946. Sin duda, fue el momento más emoitvo de la noche pues mientras la interpretaba los ojos se le llenaban de lágrimas. “Gracias Mahahual”, concluyó, despidiéndose de la gente con un abrazo y dejando el escenario entre aplausos a la luz de la luna llena que bañaba el pueblo completo.

Pero la noche aún no terminaba. Algunos de los músicos que estuvieron durante la semana regresaron al escenario para una 'Jam Session'. David Rotundo Band, Xleba Sound, Yerbabuena y Cuevo, entre otros, deleitaron a la gente con su música. Trompetas, trombones, sax y armónicas se unian creando un sonido alegre que se prolongó por varias horas.

Durante el concierto me tocó sentarme junto al alcade de Mahahual con el que pude platicar, un persona muy sencilla, como el resto de los mahahualeños.

“Es un orgullo que llegue (a Mahahual) una personalidad como Francisco Céspedes; Cruzando Fronteras es eso, poder compartir con gente de distintos lugares y dar a concer un lugar tan bello, un paraíso del sur del Estado de Quintana Roo. Estoy convencido que el festival llenó todas las espectativas que se tenían pensadas”, comentó William Calderón.

A pesar de los problemas con el audio, el alcalde reconoció que Céspedes es un profesional y supo manejar la situación y califició el concierto como “excelente”, algo verdaderamente para disfrutar. 

De hecho, fue curioso porque no sabía que quien estaba a mi lado era el alcalde, incluso le pedí que si le podía cambiar de lugar y con gran amabilidad me intercambió el asiento. “Así es Mahahual, un lugar pequeñito con gente sencilla. Queremos que todos los que lleguen se lleven una buena impresión para que nos conozcan en más”, reconoció.

Cruzando Fronteras es el arranque de la temporada de fiestas para los mahahualeños. El 13 y 14 de marzo se llevará a cabo el carnaval en el que participan muchas culturas y se cuentan diversas historias del país. También se espera la llegada de muchos turistas para Semana Santa, por lo que están trabajando muy duro para tener el mar y la playa muy limpia.

A la pregunta, ¿el próximo año va a haber festival?, me respondió: “¡por supuesto que sí!”.

No me queda más que felicitar a todos los que tuvieron que ver con la organización del festival porque fue un éxito. En primer lugar a Luciano Consoli, director del festival, cuyo trabajo se vio reflejado en una semana de fiesta, pero también de ayudar a hacer conciencia sobre el problema de la basura y la importancia de cuidar el medio ambiente. También le agradezco a toda la gente que amablemente nos recibió en sus hoteles y restaurantes, atendiéndonos de la mejor manera. Para mi fueron cuatro días inolvidables en un paraíso. Espero poder regresar el próximo año para contarles más historias y anécdotas del lugar.

¡Gracias Mahahual!  Volveré muy pronto.