Historias del Mar y de la Vida. Entrevista con Roberto Fuentes, Parte I.

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"El mar dará a cada hombre una nueva esperanza, como el dormir le da sueños".- Cristóbal Colón

El Hombre que Nadó con Tiburones

Hay un viejo refrán que reza “los tiburones nacen nadando”. Después de platicar con Roberto Fuentes, buzo y fotógrafo subacuático, sobre su pasión, el mar, me doy cuenta que también nació nadando. Una muestra de su personalidad, actitud y carácter que lo han llevado por todo el mundo, realizando viajes espectaculares que tal vez muchos no nos atreveríamos a hacer.

¿Se imaginan sumergirse en un mar infestado de tiburones?

Desafortunadamente algunos documentales, libros y películas retratan a estos maravillosos animales como ‘devoradores de hombres’, alimentando un mito que ahora sé que no es real: los tiburones no comen carne humana y no son las bestias salvajes que nos quieren hacer creer. Roberto tiene un reto personal de tratar de cambiar la percepción del mundo sobre los tiburones, demostrando que no son los malos de la película, y capturando su majestuosidad a través de la lente de su cámara.

Yo conocí a Roberto, 'Scooby', como le decimos sus amigos, en la preparatoria. Éramos muy fiesteros; nos gustaba salir a los bares y antros, como a cualquier otro joven de nuestra edad (ya llovió). Realmente nunca me lo hubiera imaginado en un traje de buzo; mucho menos nadando con tiburones. No porque no tuviera la personalidad para hacerlo, sino porque lo conocía en otra faceta que nada tenía que ver con el mar, ni la vida submarina.

Por eso me interesó saber más sobre su historia, los viajes que ha realizado, los lugares que ha conocido y las anécdotas de una vida dedicada a explorar y aprender del la naturaleza, principalmente del mar.

JP: Roberto, te conozco hace muchos años y te recuerdo en la etapa en que éramos estudiantes y lo tuyo era trabajar en los bares y en los antros. Por eso me interesa mucho saber en qué momento diste un giro tan drástico en tu vida. ¿Qué pasó? ¿Por qué te nació el buceo y cómo empezaste a hacer estos viajes espectaculares?

RF: Desde chavito me encantaba el mar. Todas las vacaciones mi papá nos llevaba, por lo menos una vez al año al mar. Ahí le empecé a agarrar el gusto.

Él nos metía a ‘snorkelear’ y me acuerdo que le gustaba recoger y coleccionar conchitas; también a nosotros nos gustaba buscar peces en el agua o conchas en la playa.

Cuando mis papás se divorciaron dejamos de hacer esos viajes y me alejé un poco del mar. Entonces me pasaron dos cosas cruciales para empezar a bucear: un muy buen amigo con el que trabajé en Kellogg’s –mi compadre al día de hoy- me empezó a decir del buceo (él ya era buzo), en los viajes que hacíamos de la empresa, mientras todos se iban a jugar golf, él se iba a bucear. En esos viajes yo también buscaba otro tipo de actividades y lo del buceo me llamó la atención.

JP: Pero antes nunca habías buceado ni te había pasado por la cabeza.

RF: Alguna vez en una playa de vacaciones me metieron a un curso de esos que te dan en una alberca, que por cierto, no los recomiendo porque la gente puede tener malas experiencias y agarrarle miedo al buceo, en lugar de aprender y disfrutarlo.

Pero realmente no lo había pensado en serio hasta que mi compadre me comentó en esos viajes. Curiosamente, ese mismo año, después de que me platicara del buceo, me fui a Ixtapa con un amigo y unos conocidos más chavitos, que todavía traían una fiesta impresionante. Entonces imagínate, llegamos a la playa, abrimos una chela y antes de darle el primer trago alguien sale con que: ‘¡a que no se meten al agua!’.

JP: En Ixtapa, que es mar abierto y si no le tienes respeto, es peligrosísimo.

RF: Exacto. Y entonces todos empiezan: ‘a que no; a que sí’. En fin, total que mi amigo y yo nos echamos a correr y nos metemos al agua. Saco la primera ola, saco la segunda ola, y a la tercera me doy cuenta que el mar está picadísimo. Como puedo trato de salir a flote y le digo a mi cuate ‘ya, hay que salirnos’, pero lo veo con el agua hasta el cuello, a punto de ahogarse.

Para no hacerte el cuento largo, tuvieron que llegar los salvavidas a sacarnos. Yo de repente sentí un golpe en la cabeza y entonces me pasó algo que no sabía:  tardaron como cinco minutos, más o menos, en sacarme. A mi cuate quince minutos, por lo menos. A él sí, como en las películas, le tuvieron que sacar el agua de los pulmones; yo creo que por un momento vio el túnel de luz.

Los salvavidas me preguntaron: ‘¿cómo te atreviste a meterte si hay bandera negra?’. Yo no tenía ni idea; nunca me fijé, aunque la bandera estaba a un lado de nosotros. Y sí, no era roja, ¡era negra!.

Qué te quiero decir con esto: que en algún momento tuve una experiencia fuerte con el mar, porque la vi muy cerca. Fue entonces cuando aprendí a tenerle respeto.

Total, pasaron unos meses y le pregunto a una amiga: ‘¿qué vas a hacer en las vacaciones?’, y me contesta: ‘¡voy a bucear a Cancún!’. Y otra vez regresa esa palabra a mi vida: buceo.

Me llamó la atención y le volví a preguntar: ‘¿hace mucho que buceas?’. ‘Sí, ¿y tú?’, me contesta. ‘Pues sí, tomé un curso (aquel famoso de las vacaciones)’, le comento.

Me empezó a platicar que tenía pensado ir a Roatán a ver tiburones. ¡Y esa fue palabra mágica! A mi los tiburones me apasionan desde niño. Es un animal que me encanta. Ella, pensando que había buceado, me invitó a ir. Y por supuesto le contesté que sí. 

Roatán, es la mayor de las Islas de la Bahía, archipiélago hondureño que incluye las islas Útila, Guanaja, y un gran número de islotes y cayos. Tiene una superficie de 125 kilómetros cuadrados y sus playas dan al mar caribe. Además de tiburones, se pueden encontrar marlin, pez volador, erizos de mar, delfines, meros y pulpos, entre otros animales marinos. 

Me dio un teléfono de la persona que organizaba el viaje. Emocionado le hablo y cuando le conté mi experiencia como buzo se quedó como pensando: ‘maestro, ¿en qué año vas?’. Obviamente, antes de nadar con tiburones, primero tienes que pasar por un proceso, tomar un curso serio y certificarte. Yo todavía me atreví a preguntar que si tomaba el curso esa semana podía ir al viaje. Obviamente, era imposible.

JP: ¿Qué curso tienes que tomar y ahora con tu experiencia, cuál es realmente el que más recomiendas?

RF: Pues mira, hay varias agencias que te pueden certificar. PADI (Professional Association of Diving Instructors) es la más conocida, pero también la más ‘barco’, por decirlo así. La que yo tengo es NAUI (National Asociation of Underwater Instructors), que es un curso más técnico. Para certificarte primero tomas cinco clases teóricas, cinco clases prácticas y luego te llevan a aguas abiertas para dominar el equipo.

JP: ¿Dónde tomaste el curso?

RF: Yo lo tomé en Sport City.

JP: Aquí, en el DF.

RF: Sí. Primero fue en una alberca normal, luego me llevaron a una alberca de profundidad y finalmente me certifiqué en Acapulco. Aunque ya no lo están dando así. Ahora tienes que ir a Rango Extendido, una alberca que está en Las Flores. Ahí mismo tienen su propia alberca de profundidad.

El curso básico se llama ‘Open Water’, aunque hay varias certificaciones. También existen un grado ‘Advanced’, y después comienzas a hacer especialidades. 

JP: En total, ¿cuánto tiempo te tardas en hacer los cursos teóricos, los prácticos y la certificación básica?

RF: Si lo haces muy intensivo, lo puedes hacer en un mes, tomando las clases entre semana y los cursos prácticos los fines de semana. Pero definitivamente vale mucho la pena porque te enseñan a usar el equipo, los riesgos que puede correr (que sí los hay), y aprendes a entenderlos.

Eso es lo malo de los ‘cursitos’ que te dan en la alberca en vacaciones, me acuerdo que si te dicen que cuando te metes al agua con el equipo ‘te van a doler los oídos’, pero nunca te explican por qué. Aquí aprendes todo. Te enseñan que cada diez metros de profundidad hay una atmósfera menos de presión. Con cada atmósfera de presión, el aire se reduce a la mitad de tamaño y por eso sientes el dolor característico del buceo en los oídos, por el aire que tenemos en las cavidades se comprime. Son temas básicos, pero muy importantes. Cuando los entiendes y aprendes a cumplir con los protocolos, el buceo se convierte en un pasatiempo maravilloso. En verdad es irreal.

JP: Por lo que me cuentas, me imagino que tomando los cursos fue cuando te diste cuenta que eso era lo que querías hacer.

RF: Sí, ahí empecé a darme cuenta. La primera vez que me llevaron al mar me sentía como pez en el agua. Desde la alberca ya me movía muy bien; el equipo era parte de mi. En el mar nunca tuve problemas con la flotabilidad, en verdad me di cuenta que lo tenía nato.

JP: ¿Tu crees que cualquiera lo puede hacer?, o necesitas nacer con eso.

RF: Yo creo que cualquiera lo puede hacer, pero lo importante es que te vayas familiarizando con el equipo. Primero aprendes con un snorkel, luego tienes que irte acostumbrando a la presión del oído (la fosa de profundidad es de cuatro metros por lo que es perfecta para sentir ese cambio de presión); también tienes que acostumbrarte a nadar con aletas que tiene su chiste.

Además, en el agua pasa algo chistoso: mucha gente piensa que se siente claustrofobia, pero no, el mar es un lugar abierto, no te sientes encerrado.

JP: Ahí si difiero un poco, porque si te metes muy adentro, al final, es un lugar del que no puedes salir rápidamente. Según entiendo, necesitas ir pasando por etapas de descompresión. Cuando yo siento claustrofobia es precisamente por el encierro, pero también por el hecho de no poder salir de un lugar.

RF: Es un ambiente que no es el tuyo, por eso si es importante que te familiarices con el entorno. Obviamente la regla básica es aprender a respirar. Si lo logras, no vas a tener ningún problema. Lo única restricción sería si sufres de ataques de epilepsia, entonces si no hay manera de que lo puedas practicar.

Lo que sí te puedo decir es que, para mí, la hora o el tiempo que estoy en el agua, es mi hora de terapia… de meditación. Ahí bajo mi ritmo respiratorio. En el agua se escucha absolutamente todo lo que está a tu alrededor. El sonido en el aire se puede identificar de dónde proviene, pero en el agua es difícil identificarlo. Pero si te escuchas a ti mismo, como cuando te tapas los oídos. Yo escucho mi propia respiración y me relajo; es un momento muy personal de introspección.

JP: Es evidente que desde niño te apasiona el mar y cuando empiezas a bucear dices: ‘de aquí soy’. Pero, ¿en qué momento te surge la pasión por la fotografía?

RF: Empiezo a hacer foto cuando empiezo a bucear.

JP: Eso me parece muy interesante, ¿en la superficie nunca te había interesado hacer fotografía hasta que comenzaste a hacer foto submarina?

RF: Sí me gustaba la fotografía y es algo que también se lo debo a mi papá: nosotros decíamos que tenía el ‘síndrome de Kodak’, porque siempre cargaba con rollos y su cámara para todos lados. Me acuerdo que me enseñaba cómo encuadrar una foto y empecé a compartir ese gusto, aunque realmente no lo agarré hasta que empecé a bucear, fue entonces cuando me compré mi primera cámara.

JP: Es un hecho que bajo el agua entras a otro mundo y empiezas a encontrar cosas muy diferentes. ¿Qué sientes cuando estás ahí?

RF: Claro. Además, imagínate, veo a mi instructor con una súper cámara impresionante y mientras él está sacando una foto de un coral, a mi, por el otro lado, me pasa una morena. Entonces le empiezo a decir: ‘¡tómale, tómale foto!’. Pero él está clavado en su rollo y en su encuadre, y me mandaba a la fregada. Me frustraba un poco, pero ahora lo entiendo, porque la gente me empieza a decir que saque unas fotos, pero yo voy en lo mío y saco lo que yo quiero sacar.

Así pasé mis primeros viajes. Pero para el tercero o cuarto ya quería mi equipo y fue lo primero que compré. En lugar de aletas o regulador, mi primera inversión fue una cámara subacuática. El resto del equipo realmente lo podía rentar, excepto las cámaras porque nadie las tenía.

Con cámara en mano, al principio empecé a sacar fotos como chino, de todo lo que veía. Muchas eran fotos malísimas, pero al final, mi idea era documentar lo que hacía y lo que veía. Ahora, cuando veo las fotos de los primeros viajes digo ‘que horror’, pero como te decía, la idea era documentar cien por ciento.

Con el tiempo aprendí a entrar más en contacto con la cámara y sacarle mucho más jugo. Otro ejemplo es que tengo un ‘crush’ con la Luna. Siempre me ha encantado la Luna.

Ya sabes, le tomaba fotos pero siempre me salía un punto blanco y me preguntaba: ‘¿cómo le hacen para que se vea la textura?’. Así, jugando con las funciones, empecé a conocer la cámara. Te puedo decir que a la fecha, sólo he tomado un curso de foto en mi vida (eso porque cuando compré la última reflex lo incluía), pero no me enseñaron nada realmente. Todo lo aprendí usándola. Cuando finalmente me salió una foto de la Luna entendí como funcionaban las aperturas, los isos, velocidad, etc. Así también aprendí a hacer fotos diferentes bajo el agua: empecé a buscar una distinta iluminación, encuadres más artísticos, etc.

Un día, saliendo de un buceo, le enseño a mi instructor las fotos que tomé. A él le gustan y me dice: ‘deberías de meterlas a concurso en la AMISUB (Asociación Mexicana de Imagen Subacuática)’. Yo pensé, ‘¿por qué no?’.

Las llevo y para mi sorpresa salen bien calificadas. Ahí es cuando decido cambiar de cámara y compro la reflex. Ese mismo año, con el nuevo equipo, quedo en primer lugar en la segunda división, por lo que me motivé mucho más y empecé a competir en otra categoría.

Ahora ya no participo tanto ahí, prefiero publicar en páginas de Internet donde están los mejores fotógrafos de mundo, pero esa experiencia me sirvió mucho para empezar a comparar mi trabajo con el de otros fotógrafos, aunque creo que definitivamente todos tenemos un estilo muy marcado. 

Los Primeros Viajes de Roberto y su Encuentro con Final con el Gran Blanco en Isla Guadalupe

JP: ¿Cómo fueron tus primeros viajes?

RF: Los viajes los empecé a hacer con mi instructor, Alex Topete. Él te enseña la técnica, te certifica y, claro, parte de su negocio es llevarte a los distintos destinos para bucear.

JP: ¿Cómo es el tema de los destinos? ¿Te dan opciones y tú vas escogiendo?

RF: Arman un calendario de todo el año y sí, tu escoges. Claro, empecé con unos muy sencillos: viajes a Acapulco, Veracruz, ver un barco hundido, en fin, playas cercanas, por decirlo así. Pero lo que realmente cambió mi perspectiva fue un viaje que hice a Los Cabos donde vi mi primer tiburón.

JP: ¿Ya tenías planeado ver tiburones o cómo fue la experiencia?

RF: Estábamos buceando en un lugar llamado Gordo Banks, que alguna vez tuvo fama de tener tiburones, pero ya no más. Por eso realmente no esperábamos verlos, cuando de la nada llegaron tres martillos. En ese momento no tienes idea, sentí pánico y con la adrenalina a todo lo que da.

Mal que bien, todos tenemos el chip de que es un animal ‘malo’, que te ataca, además del tema de la sangre, en fin. No puedo negar que estaba muy asustado, pero también muy emocionado. El encuentro no duró más de dos minutos. Los tiburones llegaron, nos vieron y se fueron. Literal. No pasó nada.

Fue el primer animal que vi, casi treinta horas después de estar en la balsa. La aleta de un tiburón infunde terror porque uno conoce la voracidad de la fiera. Pero realmente nada parece más inofensivo que la aleta de un tiburón. No parece algo que formara parte de un animal, y menos de una fiera.- Fragmento de ‘Relato de un náufrago’ de Gabriel García Márquez.

JP: Me imagino que fue impresionante. Pero es cierto, siempre me ha parecido que el tiburón es un animal que está muy satanizado.

RF: Totalmente. Pero para mi fue increíble verlos, una experiencia inolvidable. Cuando salí del agua retomé aquella idea original de ir a Roatán a bucear con tiburones. Lo platiqué con Alex y me comentó que ya tenía pensado hacer un viaje a Belice, donde hay tiburón gata y tiburón de arrecife en otro lugar llamado Blue Hole; yo me apunté de inmediato.

JP: ¿Qué diferencia hay entre estas especies de tiburón?

RF: Los tiburones gata se alimentan principalmente de caracoles y pequeños moluscos. Tienen dientes muy pequeños y una boca adaptada para succionar a sus presas que encuentran en el fondo del mar, pero no son propiamente cazadores.

Son hermosos y hay muchos. En ese viaje a Belice pude estar en contacto con ellos, incluso tocarlos. Ahí volvió a cambiar mi perspectiva sobre estos animales. Dos días después, en Blue Hole, conocí el tiburón de arrecife que es un poco más grande, ya con más forma de tiburón.

JP: Te refieres a la clásica forma de escualo que tenemos en mente. Con un cuerpo más robusto y la cabeza puntiaguda, como siempre nos imaginamos un tiburón.

RF: Sí, exacto. Y me volvió a fascinar la experiencia. Para ese momento ya buscaba todos los viajes que tuvieran que ver con estos animales. Así me enteré que en Playa del Carmen se podían ver a los tiburones toro, que son de los más grandes, de los más agresivos y que han tenido más ataques a personas, ahora te explico por qué. Yo por supuesto, me fui feliz para verlos.

En verdad te puedo decir que bucear con el tiburón toro es de las mejores experiencias de mi vida porque ahí me tocó un ‘shark feeding’, es decir, atraen a los animales con carnada para que se acerque. Los toro son enormes: de dos a tres metros de largo, de hasta doscientos kilos, muy robustos y de una mordida muy fuerte. Son tiburones que pueden nadar en agua dulce, de hecho, llegan a desovar en las deltas de los ríos y es la razón por la que han llegado a atacar a seres humanos. Pero siempre es por defenderse. Si ven una persona en el río, no saben que es y llegan a soltar mordidas que son letales.

JP: Para darnos una mejor idea, cuándo te metes al agua, ¿cuántos tiburones llegas a ver?

RF: En ese buceo vimos por lo menos diez tiburones toro. Aunque no es la vez que he estado con más tiburones. En Galápagos, Bahamas y en Cuba (Jardines de la Reina), nadé en mares infestados de tiburones, alrededor de sesenta, tal vez más. Es impresionante porque te avientas al agua y tienes animales por todos lados; unos te pasan por arriba, otros por abajo, pero siempre tienes que estar pendiente de los más grandes.

La vez de Bahamas me tocaron como cinco especies diferentes al mismo tiempo: había limones, caribbean reef, grises de arrecife, incluso tiburones tigre, que son enormes.

JP: Scooby, dime la verdad, ¿qué riesgo corres como buzo en esas aguas infestadas de tiburones?

RF: Ninguno.

JP: ¿En verdad ninguno? Ni siquiera que alguien entre en pánico y se le ocurra hacer una tontería.

RF: Bueno, eso sí puede pasar, por eso tienes que tener cuidado cuando los están alimentando, por ejemplo. Pero los tiburones no atacan a los buzos, sólo muerden la carnada. Algo que pudiera ser riesgoso es no traer guantes porque las manos en el agua se ven blancas, y los peces muertos en el mar también se ven blancos. Si no llevas guantes, el tiburón puede pensar que es un pez muerto y tirar una mordida.

JP: Entonces cuando estás con tiburones tienes que ir totalmente cubierto.

RF: Cuando los alimentan sí, y tratar de no llevar cosas que se puedan ver blancas.

JP: ¿Por qué entonces el mito del tiburón como el gran asesino de los mares?

RF: Eso es muy interesante. Me acuerdo que un día viendo la tele pasaron un programa en Discovery Channel, que por cierto los tengo atravesados, en la famosa ‘Shark Week’ que mostraba las diez especies más peligrosas del mundo.

Y ya sabes, empiezan a pasar ataques de los tiburones y yo pensaba ‘no, no, no… espérame’, perdón pero yo ya nadé con los toro -que en el programa ponían como la segunda especie más peligrosa- y a mi ni me pelaron. Si me impactaron, claro que me impresionaron, y me pasa en cada buceo cuando veo un especie diferente porque siempre siento esa adrenalina de no saber cómo van a reaccionar. Pero a la fecha, he estado con quince especies diferentes de tiburones y no me han hecho nada.De ahí me surgió un proyecto personal padre: desmitificar los ataques de tiburones. Cuando empecé a investigar, realmente no hay tantos como nos dicen en esos documentales.

Los tiburones (todas la especies), encabezan la lista del animal más peligroso del mar en portles como Planet Deadly. Las diez especies más peligrosas en la lista son: Toro, Gran Blanco, Tigre, Oceánico de Puntas Blancas, Mako, Tiburón de Arrecife, Tigre de Arena, Martillo, Azul y Limón. 

JP: Te empiezas a dar cuenta que son programas amarillistas para ganar rating.

RF: Totalmente. Híper amarillistas. Te doy datos duros: en el mundo, donde tres cuartas partes está cubierto por agua y en todo el mar hay tiburones, ¿sabes cuantos ataques se registran por año de todas las especies? ¡19!, de los cuales únicamente 7 son letales. Y esos que murieron fue porque los mordieron y se desangraron. No existe eso de que ‘te comió el tiburón’. No somos alimento para ellos. Es muy diferente decir que te dieron una mordida que te arrancó el brazo y otra que te comieron el brazo.

Para terminar con los datos duros, las muertes por ataques de hipopótamos al año son cerca de 3 mil; de elefantes entre 500 y 600. Y aún más escalofriante, la cifra de muertes por ataques de perros entrenados, sólo en Estados Unidos, son más de los que te puedas imaginar.

Por eso, viendo estos programa hice mi lista y me puse como meta nadar fuera de jaula con los tiburones que dicen son los más peligrosos del mundo. Quiero tomarles fotos y desmentir lo que siempre nos han dicho sobre el comportamiento de estos animales. Así empecé a planear mis nuevos viajes, específicamente por especies.

¿Y cuál es el ícono de los tiburones?

JP: El gran blanco.

RF: El tiburón blanco, claro. Y así me fui a Isla Guadalupe a buscarlo.

Martin, es todo psicológico. Si gritas: "¡Barracuda!", todos dicen: "¿Qué?". Si gritas: "¡Tiburón!"... el cuatro de julio, se desatará el pánico aquí. – Diálogo de la cinta ‘Tiburón’ dirigida por Steven Spielberg.

JP: Justo en ese momento, cuando vas en búsqueda del blanco, ¿cuánto tiempo llevabas haciendo estos viajes?

RF: Por lo menos cuatro años. Y es un viaje especial, diferente, porque para ver al tiburón banco lo haces en un jaula mientras lo están alimentando.

JP: Obviamente la jaula es para protegerte de una mordida, pero tu objetivo es nuevamente comprobar que no atacan a las personas. Aún así, me imagino que por seguridad necesitas la jaula, tan sólo por el tamaño del animal.

RF: Sí. Sobre todo por el tamaño. Estamos hablando de un tiburón que puede medir hasta siete metros, verdaderamente impresionante. La boca del tiburón blanco es de sesenta centímetros y cada diente mide por lo menos la mitad de tu iPhone, nada más para que te des una idea.

JP: Claro, ahí si una mordida, por la razón que sea, difícilmente la cuentas. No puedes arriesgar tanto a los turistas que llevan a los viajes.

RF: Es impactante el animal. Es definitivamente el ícono de todos los tiburones, el de la película. Tenía que verlo.

JP: Para ese viaje en especial. ¿Cómo te preparas física y mentalmente para ver al gran blanco?

RF: De entrada me eché la película otra vez. (Risas). Pero sí es complicado porque me tardé dos años en poderlo armar. Primero no encontraba fechas hasta que de repente se da una oportunidad de que pueda ir con un buen grupo, y coincide que en la isla está trabajando un biólogo que es el más conocedor de tiburones en México, el Dr. Mauricio Hoyos, lo que hizo el viaje más enriquecedor porque en las tardes iba a nuestro barco y nos platicaba anécdotas e historias, por lo que llegamos muy preparados para vivir la experiencia.

 JP: Entonces finalmente tomas el avión, luego un barco. A dónde llegas. Dónde te quedas.

RF: Primero volamos a Tijuana, de Tijuana bajamos a Ensenada y de ahí sale un barco a Isla Guadalupe que está, más o menos, a un día de navegación.

JP: Cuando llegas a la isla, bajan o todo el tiempo o permanecen en el barco.

RF: No bajamos. Todo es en el barco por eso a estos viajes se les llaman ‘live aboard’, porque ahí duermes, comes, etc. El grupo era de aproximadamente dieciocho personas, y tu tienes tu camarote. El barco tiene dos jaulas, es importante porque si no buceas, puedes hacer el viaje. De hecho este año regreso a Isla Guadalupe y me llevo yo un grupo.

Isla Guadalupe, parte del territorio de México, es una isla en el Océano Pacífico de 254 kilómetros cuadrados de superficie que se encuentra a 241 kilómetros de la costa de la península de  Baja California. Muchas especies, terrestres y marinas, que la habitan son endémicas. Desde 1975, la isla es considerada santuario de vida salvaje y se ha posicionado como uno de los mejores lugares en el mundo para ver tiburones blancos. 

JP: Eso está muy atractivo. Aunque yo nunca haya buceado y no esté certificado puedo ir y vivir la experiencia ‘live aboard’. Pero supongo que lo que no puedo hacer es  bajar a ver al tiburón.

RF: Sí ves el animal porque, como te decía, el barco tiene dos jaulas y una se queda al nivel del mar. En realidad no necesitas saber bucear o tener certificación. Te metes a la jaula con un visor, te prestan un regulador conectado a una manguera que va directamente a la compresora, y puedes bajar. Por cierto, es donde mejor se ve.

Por eso te digo que todos los videos o documentales donde has visto que el tiburón ataca la jaula, o que llega violentamente a golpearla, son una exageración total. Lo que realmente pasa es que, para atraer al tiburón, desde el barco se utiliza una carnada. Amarran un atún y lo están ‘toreando’. Si puede pasar que por atrapar la carnada alguno llegue a morder la jaula, pero no porque digan ‘mira, humanos, nos los vamos a comer’, y ‘ataquen’ –como muchos dicen.

Ahora, el barco puede bajar otra jaula a otro nivel, aproximadamente seis metros, y ahí si tienes otra perspectiva. Es para buzos certificados que bajan con tanque y puedes hacer otro tipo de fotos, si te gusta la foto submarina.

JP: Pero cuéntame, cuando estás ahí, cuando vas a bajar. ¿Qué pasa por tu mente?, sobre todo la primera vez, porque no me lo puedo imaginar. ¿Te acuerdas lo primero que pensaste antes de ver al tiburón blanco por primera vez?

RF: Pues sí, por mi mente están pasando muchas cosas pero igual esto te va a sonar muy tonto, pero traía una rola en la cabeza, The Final Frontier, de Iron Maiden.

JP: Sí bajaste con todo el rush. La adrenalina al máximo.

RF: Sí. Literal. Para mi era como mi última frontera: estaba decidido a nadar con el animal frente a frente, ya estaba ahí y no hay vuelta atrás. Ese primer buceo me tocaron cuatro tiburones blancos, más o menos de cuatro metros, no eran tan grandes, pero no dejan de ser imponentes. Ver el tiburón blanco fuera de la jaula ha sido uno de los mayores 'rushes' de mi vida.

Sí te voy a confesar que me dio coraje porque dicen que un par de semanas después vieron al Deep Blue, el tiburón blanco más grande que han visto en la zona en toda la historia.

JP: ¿Es verdad que Isla Guadalupe es el mejor lugar para ver tiburones blancos en el mundo?

RF: Hay tiburones blancos en todo el mundo pero hay tres lugares, podemos decir santuarios, donde siempre es seguro que los puedes encontrar: en Australia, en Sudáfrica y en Isla Guadalupe. La diferencia es que el mar en México es de agua azul y muy clara. Por lo que me han dicho, yo no he ido, en Cape Town el agua es turbia y de color verde; no ves nada hasta que lo tienes muy cerca. En cambio en México lo ves desde lejos cómo se acerca y como llega a la jaula, en fin, es impactante. No por nada es mi animal favorito en el mundo. 

Roberto me platicó del gran trabajo que realizan científicos como Mauricio Hoyos y su organización www.pelagioskakunja.org, marcando tiburones para darles seguimiento y aprender más sobre su comportamiento, ya que se sabe poco de ellos. Incluso, hay proyectos atractivos en los que la gente interesada puede participar apadrinando un tiburón.

Es interesante porque, con una guía satelital, el inversionista recibe información del tiburón, al que incluso le puede dar el nombre que quiera. La batería dura aproximadamente un año y ayuda a conocer más sobre la vida de estos fantásticos animales, además de preservar la especie.

De la lista de los diez tiburones más peligrosos del mundo, según los documentales ‘amarillistas’ de Discovery Channel, Roberto ya ha estado con ocho.

Para completar su lista, le faltan conocer el punta blanca oceánico, que goza de la peor fama ya que, según dicen, le pierde más rápido el respeto a los buzos que ninguna otra especie, y el tiburón mako, que bromeando con él durante la entrevista, se ha convertido en su 'Eleanor' (el auto que no podía robar Nicolas Cage en el remake de la cinta Gone In 60 Seconds), ya que cada vez que lo busca no lo ha podido encontrar. Este año lo intentará nuevamente y ya prometió contarme la experiencia.

Para Roberto lo que empezó como un hobby se convirtió en una pasión. El objetivo de su vida es convivir con la naturaleza y seguir recorriendo el mundo en búsqueda de nuevas experiencias. Dejó su trabajo en una reconocida empresa y puso su propio negocio que le permite tener el capital y tiempo suficiente para seguir realizando sus viajes. Es un claro ejemplo de que querer es poder y que siempre hay una manera de cumplir tus sueños si tienes objetivos claros y la intención de hacerlos realidad.

En la segunda parte de la entrevista platicamos de su viaje a la Antártida, una historia que los va dejar helados, y la vez que nadó con cocodrilos. No se la pueden perder. 

Historias del Mar y de la Vida. Entrevista con Roberto Fuentes, Parte II. 

Foto de Portada y Fotogalería, cortesía ©Roberto Fuentes. Para ver más fotos y videos del trabajo de Roberto entren a www.scoobaphoto.mx y síganlo en sus redes sociales: @scoobaphoto | FB/scoobaphoto | Instagram/scoobaphoto | Vimeo/scoobaphoto