El Amor de Mi Vida

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Aprovechando que se acerca el Día del Amor y la Amistad, quiero contarles algo personal; espero les guste y puedan compartirlo porque para mí es muy importante.

Tengo que confesar que soy el hombre más afortunado en la vida por una sencilla razón: tengo a la mujer perfecta a mi lado. Su nombre es Carolina y estudia la Licenciatura en Danza Folklórica. Y les digo que soy afortunado porque sé que me ama de una manera única e inigualable.

La conocí hace muchos años, para ser exactos, cuando estábamos en la primaria; Caro cursaba quinto año y yo sexto. Cuando terminé, nuestros caminos se separaron y no supe nada de ella hasta muchos años después.

Platicando con amigos de la infancia en común, les pregunté por Caro ¿Qué era de ella? ¿Aún vive? ¿La tienen en Facebook para poder agregarla? Me dijeron que sí, que estaba estudiando y que la buscara entre sus contactos.

Y eso fue lo que hice. Pero no cruzamos ni una palabra hasta mucho tiempo después. Una noche de julio me animé a hablarle y me contestó con gusto. Platicamos largo y tendido. Ella estaba bordando una falda para un baile, yo estabo acostado sin mucho que hacer. Así pasaron las horas y nos dieron las cuatro de la mañana. Mientras platicábamos me invitó para que fuera a sus presentaciones. Por compromisos personales, no pude ir a varias de ellas, pero finalmente quedamos en una fecha en la que podia ir a verla: el 10 de julio en un cine viejo en el municipio de Tultepec. Una fecha que nunca voy a olvidar

Finalmente el día llegó: estaba muy nervioso porque -como les había dicho- realmente no sabía nada de ella. ¿Qué tal si había cambiado mucho? Como ustedes saben, las fotos de Facebook a veces mienten.  

Nos habíamos quedado de ver en una estación del tren suburbano. Aún no sabía que pensar pero cuando la vi nuevamente -aún a la distancia- se me caía la boca al piso. Su caminar era increíble… deslumbrante, ¡asombroso! En ese momento algo maravilloso pasó por mi cabeza, pensé: “es la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida”.  Mientras más se acercaba, las ‘mariposas’ revoloteaban con más fuerza en el estómago. Me convertí en un manojo de nervios. No sabía en donde meterme.

Ella llegó a mí, nos saludamos, nos dimos un abrazo y le ayudé a cargar su maleta. Durante el viaje en el tren por momentos platicábamos y por momentos nos quedamos callados. Quería decirle algo pero los nervios no me dejaban. Cuando el silencio empezaba a parecer eterno me dije: “¡Ya basta! Tengo que conversar con ella, sino pensará que soy muy aburrido”.

Llegamos a Tultepec y nos sentamos en una jardinera. Ella se maquillaba para su baile; lo único que yo hacía era mirarla y pensaba que no necesitaba maquillaje. Caro es el tipo de mujer que sobresale por su belleza física e interna. ¡Simplemente me estaba enamorando!

Al poco tiempo nos trasladamos al viejo cine donde se llevaría a cabo el evento. Antes de que empezara el baile dejó sus cosas y caminar por el centro del municipio. En el camino me presentó a varios de sus amigos de clase –buenas personas que ahora son mis amigos-, y seguimos nuestro rumbo hasta la iglesia y de regreso al cine para que pudiera alistarse para el baile.

Cuando salió al escenario deslumbraba. Noté que durante el espectáculo me volteaba a ver. Yo le sonreía y ella sonreía de vuelta; incluso en alguna ocasión llegó a perder el paso (se notaba que también estaba nerviosa).

Cuando terminó el baile regresó conmigo. La quería abrazar, pero apenada me dijo: “estoy toda sudada”. Por supuesto que no me importaba y la abracé. Lo que pasó después fue muy especial: lo crean o no, ¡nos besamos!

Saliendo del viejo lugar volvimos a las jardineras. En mi mente decía: “quiero que sea mi novia”. Estaba anocheciendo y empezaba a lloviznar, era el momento perfecto para hacer la pregunta del millón. Ella estaba parada, yo sentado. Mientras la abrazaba salieron las palabras: “¿Quieres ser mi novia?”. “Sí”, contestó.

Hasta el momento, es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

Llevamos siete meses de novios y hemos pasado muchos momentos, buenos y malos (como en todas las relaciones), pero al final se que es la mujer de mi vida. Caro le dio un nuevo rumbo a mi vida llenándola de plenitud.

Caro, este texto es para ti. No tengo más que decir que eres la mujer: respetuosa, generosa, sencilla. Gracias por el apoyo que me has brindando y tu amor todos los días. Este logro es dedicado a ti.

Te amo inmensamente.