Recuerdos del Abierto Mexicano de Tenis: Termina la Era en el Acapulco Princess con los Títulos de Rafael Nadal y Heather Watson; ArenaMia toma la Estafeta para 2021.

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Cuando tomé el transporte de Ciudad de México para Acapulco sabía que sería un año diferente, especial y lleno de nostalgia para el Abierto Mexicano de Tenis. Me desperté de madrugada para abordar el autobús y estar a tiempo para los partidos de primera ronda. En esta ocasión, no me fue posible llegar antes para las actividades previas: el sorteo, la inauguración y el ‘kids day’, tan esperado por los pequeños aficionados al deporte blanco.

Ya en la Autopista del Sol, rumbo al puerto guerrerense, recordaba con gusto las ediciones anteriores en las que tuve oportunidad de asistir. Mi primer Abierto fue en Ciudad de México en 1998, el último año que se llevo a cabo en el Club Alemán.

De niño jugué al tenis en el Club Casablanca y desarrollé un gusto muy particular por la raqueta. Aprendí los distintos grips y los efectos de la pelota. Aunque es un deporte fácil de entender (tiene reglas muy básicas), en la pista se vuelve una batalla estratégica y mental. Es un juego milimétrico en el que se tiene que mantener la concentración durante todo el encuentro. Muchos pueden pegar buenos tiros, pero sostener el nivel durante todo el match, hace la diferencia entre los buenos jugadores y los que alcanzan el top ten del mundo. Siempre había querido ir a un torneo importante, pero no había tenido oportunidad. Con mis papás veía los partidos en la televisión, pero soñaba con poder vivirlos en el estadio.

En 1998 era estudiante de ingeniería en el Tec de Monterrey y el campus quedaba muy cerca del Club Alemán, por lo que decidí escaparme en las horas libres para ver tenis de primer nivel y cumplir ese sueño. En aquella ocasión, las figuras incluían a la armada española encabezada por Félix Mantilla, Alberto Berasategui, y el ‘Pato’ Clavet. El brasileño Gustavo Kuerten era el tercer preclasificado del torneo, y empezaba su carrera ascendente en el tenis internacional. Los argentinos Mariano Puerta y Franco Squillari, junto con el también brasileño, Fernando Meligeni, y el eslovaco Dominik Hrbatý, completaban los ocho preclasificados del Abierto.

Los mexicanos Leo Lavalle y Alex Hernández, dieron la nota derrotando a Berasateui (2) y a Kuerten (3) en primera ronda. Hernández se metió hasta los cuartos de final, cayendo ante Mariano Puerta, pero dejando un grato sabor de boca en la afición mexicana.

Aún recuerdo a Guga’ en el estacionamiento del club, decepcionado por su rendimiento en la cancha. Me pasó a un lado, y aunque quería pedirle un autógrafo, su cara lo decía todo: ni la abundante cabellera rizada era suficiente para cubrir su vergüenza (deportiva) por caer tan pronto en el torneo.

Sorpresivamente –o tal vez no tanto- los finalistas fueron el checo Jiří Novák y el belga Xavier Malisse. Novák llegó a ser el #5 del mundo, ganando siete títulos en su carrera, cuatro en arcilla, uno de ellos, en el Club Alemán. Jiří fue el último en ganar un título en Ciudad de México.

En ese mismo año, 1998, los organizadores del evento decidieron traer a la jovencita Anna Kournikova (de 17 años de edad), para participar en un torneo de exhibición. Sin duda, la rusa se robó todos los reflectores. Nunca voy a olvidar su belleza engalanando las canchas de polvo de ladrillo del Club Alemán. Yo tenía 20 años y se me quedó grabada su sonrisa, cuando la vi salir de los vestidores rumbo a la cancha. Me acompañaba uno de mis mejores amigos de toda la vida y no topamos con ella en el pasillo. Cuando pasó junto a nosotros, se volteó y nos sonrió.

Un par de años después, Mextenis decidió llevarse el Abierto a Acapulco, con el nacimiento del nuevo milenio. Fue la primera gran decisión que tomaron los organizadores del evento: a los tenistas no les gusta jugar en la altura, por lo que mover el evento a Acapulco abría las puertas para subir de categoría y traer a los mejores especialistas en arcilla del mundo. Se instalaron en el Princess que ha sido la casa de AMT hasta la edición 2020, la última vez que se jugará frente al mar, ya que en 2021 se mudan a la nueva sede con instalaciones modernas y estadios de mayor capacidad y comodidad para los aficionados, pero sin la vista espectacular de la playa Revolcadero, y la conexión directa con el hotel que tanto disfrutan los jugadores y los afortunados que ahí encuentran hospedaje.

Mi primera experiencia como periodista fue en 2002, año en que el español Carlos Moyá (ahora entrenador de Rafa Nadal), ganó el título. La final la jugó ante  el brasileño Fernando Meligeni, que mostró su mejor tenis en México a nivel del mar (en la altura le costaba demasiado trabajo). Recuerdo las instalaciones en aquel entonces y distaban mucho de las acutales, pero la atención a la prensa siempre fue impecable.

El domingo previo a los juegos de primera ronda, me acompañó mi tía Ma. Elena al venue, quien fuera esposa del tenista mexicano Roberto Chávez, (jugador Copa Davis) y me presentó con la gran figura del tenis argentino Guillermo Vilas, además de José Luis Clerc y el mexicano Luis Baraldi, que fue pareja de dobles con mi tío en la Davis. Fueron momentos inolvidables para un chico que empezaba su carrera en medios. Tremendos figurones y platicando conmigo, compartiendo anécdotas; la verdad es que lo no podía creer.

El año siguiente, Moyá regresaba como primer clasificado y favorito para repetir su título en Acapulco. Pero un inspirado Félix Mantilla lo eliminó en cuartos de final. Sin temor a equivocarme, fue el cuadro de mayores estrellas latinoamericanas que se ha visto en México. David Nalbandian, Gastón Gaudio, Fernando González, Juan Ignacio Chela, Gustavo Kuerten, Marcelo Ríos y Nicolás Lapenti, todos fungían  como cabezas de serie. Increíblemente, ninguno llegó a la final. Nicolás Massú también fue parte del cuadro. Otro español, David Ferrer, empezaba su andar en Acapulco. El ‘León de Jávea’ después sería campeón en cuatro ocasiones, empatando a Thomas Muster como los máximos ganadores en México (los triunfos del austriaco fueron todos en la capital del país).

Mariano Zabaleta y Agustín Calleri disputaron el titulo que quedó en manos del jugador de Río Cuarto (Calleri).

Como anécdota, recuerdo estar viendo el partido del debutante chileno Fernando González en el Grandstand con Tomás Boy. En aquel entonces, aún no me había tocado trabajar con él; Tomás no me conocía, pero nos quedamos mucho tiempo viendo el partido y comentando las jugadas. Unos años después, tuve el placer de compartir micrófonos con el ‘Jefe’ en el programa Súper Estadio, con Francisco Javier González y compañía. En la grada, justo adelante de nosotros. estaba sentado Horacio de la Peña, entrenador de González, un ex tenista argentino de pelo largo, cara muy delagada y barba desalineada, que parecía prestar mucha atención a nuestros comentarios y se volteaba de vez en vez para decirnos “mirá, este chico es un fenómeno”, con inconfundible acento y castellano rioplatense.

Sin duda Fernando tiraba unos cañonazos que, cuando entraban, eran imparables. Pero también a veces salían para cualquier lado sin control. Era un extraordinario talento innato, pero con la cabeza muy atolondrada (Kyrgios me lo recuerda un poco). Me parece que De la Peña nunca lo pudo controlar. Lo mejor que hizo el chileno en su carrera fue llegar a la final de Australia en 2007, pero se llevó una paliza ante Roger Federer en el mejor momento del suizo. En Acapulco, González se retiró en cuartos de final ante Kuerten.

El otro chileno, Marcelo Ríos (#1 del mundo en 1998), también acaparaba la atención de la afición. Me impresionó verlo entrenar en el estadio. El zurdo de Vitacura tenía una personalidad absorbente que imprimía en cada uno de sus partidos. Al igual que su compatriota, también se quedó en los cuartos de final, cayendo ante Agustín Calleri, quien a la postre sería el campeón del torneo.

La segunda gran decisión de los organizadores fue dejar atrás la arcilla y empezar la era de canchas duras en Acapulco. Esto permitió que más jugadores voltearan a México para incluirlo en sus calendarios. Si bien nunca se pudo concretar que viniera Roger Federer por sus compromisos en Dubai, sí tuvimos la participación de grandes figuras como Novak Djokovic, Andy Murray, Dominic Thiem, Kei Nishikori, Marin Cilic, Juan Martin del Potro, Sam Querrey y Kevin Anderson, entre otros.

Pasó mucho tiempo para que tuviera la oportunidad de vovler a cubrir el Abierto Mexicano de Tenis como periodista. En ocasiones, cuando estaba de visita en el puerto, pasaba por las instalaciones, y asistir a uno que otro juego como aficionado, pero nunca es lo mismo que vivirlo desde adentro.

Para mi, 2019 fue particularmente especial: fui como parte de un importante equipo de especialistas del periódico La Jornada que incluía a Lizandro Rodríguez (reportero) y a su esposa, Alejandra Noguéz (fotógrafa). La particularidad es que Lizandro trabajó para el Abierto Mexican de Tenis muchos años y conoce las entrañas del evento como pocos, lo que me abrió la posibilidad de descubrir a la gente maravillosa que forma parte de Mextenis. Creamos una sección que le llamamos ‘El Otro Abierto’, e hicimos una serie de entrevistas para dar a conocer las historias que también forman parte de Acapulco.

Una tarde nos sentamos a platicar casi dos horas con el Sr. Alejandro Burillo, presidente de Grupo Pegaso, que amablemente nos compartió anécdotas inolvidables. Pude entrevistar a Román Pérez y a Fernando Anaya, encargados de la infrestructura del abierto. Hablamos con Evaristo Cruz sobre su trabajo con los atajadores de pelotas y conocí a los productores de café de El Edén, y cómo el Abierto Mexicano de Tenis les abrió las puertas para vender sus productos y apoyar a su comunidad, devastada por los huracanes Ingrid y Manuel en 2013.

También fue la primera vez que pude hacerle unas preguntas a Rafael Nadal, y sus declaraciones dieron la vuelta al mundo, cuando me dijo –depués de caer ante Kyrgios en segunda ronda- que el australiano “no es un mal chico, pero le falta respeto para el público, para el rivial y a sí mismo”.

Nadal ganó en su debut en Acapulco cuando tenía 18 años en 2005. Llegó con Moyá que nuevamente era el gran favorito, y se acabó robando el corazón de los mexicanos. Era tan jóven y desconocido, que después del partido olvidó su trofeo en un taxi que tomó en la calle, en lugar de subir al transporte oficial del torneo. Después el español volvería para ganar en 2013, derrotando en la final a su gran amigo David Ferrer, cortándole la racha de tres campeonatos consecutivos. Hoy los ríos de gente se derbordan para tartar de obtener una firma de Nadal en las enormes pelotas de tenis que cargan los aficionados por todo el complejo tenísitico.

Volviendo al presente, cuando finalmente arribé al puerto, recogí mi acreditación, entré a la sala de prensa y me dio un gusto enorme reencontrarme con Lizandro y Alejandra. Ellos fueron nuevamente por parte de La Jornada. En esta ocasión, Mextenis me invitó por mi medio, Entératedf.com, donde están leyendo estas líneas.

Fundé el portal en enero de 2009 y a los pocos días se desató la epidemia de la influeza N1H1 que obligó la cancelación de muchos eventos en México. Recuerdo pensar: “no puedo creer mi suerte; cuando se me ocurre hacer un portal de eventos, llega un virus y me los cancela todos”. En aquel moento, no sabía si mi proyecto seguiría adelante. Once años despúes, me permitió volver a Acapulco para su última aventura en el Princess.

Curiosamente en 2020 se repite la historia con el Covid-19, con eventos cancelados por todo el mundo. Indian Wells se cayó a causa de los contagios en California. Miami y Monte Carlo peligran. En Acapulco, un compañero de prensa se lo preguntó a Nadal en una de las conferencias. El Toro se limitó a responer que esperaba que pronto pasara la contingencia. Aún así, hizo el viaje al suroeste de Estados Unidos, sin saber que no se jugaría el BNP Paribas Open.

Pero el Abierto Mexicano de Tenis sí se llevó a cabo y fue espectacular. Rafa se vio dominador, como en sus mejores tiempos. El clima ayudó mucho al evento. Siento que no fue tan caluroso como el año pasado. Aunque el cuadro se abrió para Nadal (nada nuevo en Acapulco), ya que muchos favoritos empezaron a caer temprano en el torneo. Siempre se dan sorpresas, pero al final la gente es la que pone el ambiente y disfruta en grande del troneo más importante de latinoamérica y el mejor ATP 500 del mundo (según los propios jugadores).

En la rama femenil, se cuplieron 20 años en Acapulco. En 2001 Amanda Coetezer de Sudáfrica, se convirtió en la primera ganadora en México, derrotanto a la rusa Yelena Dementieva. Ambas jugadoras llegaron a ser Top 3 de la WTA y eran las sembradas 1 y 2 del torneo. Se entregaron en todos los encuentros, brindando un gran espectáculo para los fans en las tribunas. Coetzer repetiría el título dos años después. Flavia Pennetta, Venus Williams, Sara Errani y Lesia Tsurenko son las jugadoras que que pudieron igualar a la sudafricana, sumando dos campeonatos en México. 

Este año la gran historia la protagonizó la mexicana Renata Zarazua, llegando a la semifinal del singles femenil. Estuve presente en el miniestadio cuando derrotó a  , primera preclasificada, en dos sets. La ovación del público y los gritos de México, México, enchinaban la piel. Creo que nunca me había tocado vivir un momento tan emotivo en una cancha de tenis. A la gente no le importó si se iba la favorita para el título en Acapulco, sólo tenían palabras de aliento para la mexicana, que no cabía de felicidad.

En la segunda ronda Zarazúa enfrentó a Katie Volynets de Estados Unidos. El partido fue dramático. Nunca había visto tanta gente haciendo fila para poder entrar al Grandstand que se llenó hasta las lumbreras. La norteamericana se llevó el primer set 6 a 4, y ponía en serios aprietos a Renata, que parecía no encontar los tiros que sí tuvo contra Stephens en el encuentro anterior. El segundo set empezó a inclinarse en favor de Volynets mientras la tensión y el drama llegaban al máximo nivel en la tribuna. Zarazúa se dolía aparentemente de una lesión. Recostada en la piso, recibió atención médica para poder volver al encuentro. Nuevamente los gritos de México, México hacían estremecer el miniestadio, y le daban un inyección de entusiasmo a la tenista azteca.

Con más coraje y corazón que con fuerza, la capitalina logró darle vuelta al marcador y se llevó el segundo set 7 a 5. Tras el rompimiento, el alarido en tribuna hizo retumbar hasta el Estadio Pegaso, donde Alexander Zverev sufría con Tommy Paul (yo me encontraba en ese momento en el box internacional, porque ya no había encontrado lugar en el Grandstand abarrotado).

Para el último set bajé al ‘pueblito’, donde todos los que no encotramos asiento, nos congregamos para ver a la mexicana hacer historia en la pantalla gigante. Volynets no aguantó la presión y sucumbió ante los gritos de la afición mexicana, que no pararon de alentar a Renata. El tercer set fue para Zarazúa 6 a 0, metiéndose de lleno a los cuartos de final en Acapulco. Corrí a la zona mixta para recoger sus impresiones, y mientras pasaba por el mar de gente que salía del miniestadio, escuché a unas señoras, muy emocionadas, decir: “qué gran esfuerzo, que partido tan emotivo”. Nuevamente se me enchinó la piel.

“Me costó hacer el cambio para hoy; estoy viviendo un sueño y quiero seguir ganando”, comentó Renata visiblemente emocionada en su comparecencia con la prensa después del partido. Aunque seguía viva en el torneo de dobles, habló con su pareja y tuvo que retirarse para poder reponerse físicamente y preparar su encuentro de cuartos de final ante la eslovena Tamara Zidanšek.

Mientras tanto, en el Estadio Pegaso, Zverev sucumbía ante Paul. Uno de los grandes favoritos decía adiós prematuramente en Acapulco.

Pero la mayor decepción del torneo fue la del irreverente chico malo Nick Kyrgios. Sabíamos que llegaba lesionado para intentar defender su título, después de eliminar a Nadal en 2019 y derrotar a Zverev en la final. El australiano jugó sólo un set en su debut contra Ugo Humbert en el que se vio claramente superado y optó por retirarse de encuentro, llevándose una tremenda rechifla del respetable en el Estadio. Kyrgios atendió a los medios con cara de pocos amigos y, después de lanzar algunos improperios, abandonó la sala de prensa aún más enojado.

Grigor Dimitrov y Adrian Mannarino nos regalaron, sin lugar a dudas, el mejor partido de todo el torneo en segunda ronda. Disfruté el encuentro de principio a fin. En un desenlace dramático en tiebreak, fue Dimitrov quien logró sobrevivir para después despachar a Stan Wawrinka en cuartos de final. Nadal no tuvo problemas para superar al coreano Kwon y esperar al búlgaro en la semifinal.

Renata Zarazúa volvía a la acción, ahora en la cancha principal del Abierto Mexicano de Tenis, en la antesala de la gran final, y con todo Acapulco rendido a sus pies. Pero se topó con una pared canadiense: Leylah Annie Fernandez, de 17 años de edad, que no le dio ni un respiro. La joven del país de la hoja de maple se llevó la victoria en dos sets 6-3, 6-3, pero la hazaña conseguida por Renata se quedó grabada en los corazones de toda la afición que reconoció y aplaudió su esfuerzo. Es el mejor resultado individual para cualquier mexicano (hombre o mujer) en la historia del Abierto.

Más tarde, el Toro de Manacor continuó su paso arrollador hasta la final: sin mayores problemas despachó a Dimitrov en las semis 6-3, 6-2. En la WTA, Heather Watson –que sufrió muchísimo para superar la primera ronda- derrotó a la ganadora de 2019, Wang Xiyu, para meterse a la final y enfrentar a la jovencita candiense que dejó en el camino a la mexicana. Watson superó a Fernandez en tres sets y se coronó por primera vez en Acapulco.

En el cuadro de varones, el último lugar quedó reserevado para Taylor Fritz quien tuvo una gran semana, y eliminó a John Isner en tres set, en un partido que parecía que la torre texana tenía en la bolsa, pero lo dejó escapar. Lamentablemente para Fritz, se encontró con la mejor versión de Rafael Nadal en la final. El norteamericano perdió la concentración y tras un inicio prometedor, acabó entregando el partido en dos sets muy cómodos para el #2 del mundo. El favorito del público levantó la pera de plata y se puso el sombrero de charro para festejar su tercer título en Acapulco.

El dobles varonil fue para la pareja de Lukasz Kubot y Marcelo Melo que superaron a los colombianos Juan Sebastián Cabal y Robert Farah en un dramático juego encuentro; luego de dividir sets en sendos tiebreaks, terminaron 11 a 9 en el desempate. En el dobles femenil las ganadoras fueron Desirae Krawczyk y la mexicana Giulana Olmos (que también se robó el corazón de la afición), derrotando a Kateryna Bondarenko y Sharon Fichman en dos sets.

Así, el Abierto Mexicano de Tenis le dice adiós a las instalaciones del hotel Princess y hola al nuevo complejo ArenaMia, que tomará la batuta como sede oficial a partir de 2021. Yo espero volver para contarles las historias de la nueva era del mejor torneo de tenis de latinoamérica, un orgullo para los acapulqueños y para todos los mexicanos.