Roger Federer Cumple el Sueño de 42 Mil Mexicanos en la Plaza México Enfrentando a Alexander Zverev en The Greatest Match

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Fecha del Evento: 
Sábado, 23 Noviembre 2019
Lugar del Evento: 

De niño jugaba al tenis en el Club Casablanca. Mi papá era aficionado y veía los partidos todo el tiempo. Así que crecí admirando a las grandes estrellas de los años 80 y 90 como Björn Borg, Jimmy Connors, John McEnroe, Ivan Lendel, Stefan Edberg, Boris Becker y Pete Sampras. Pero fue un greñudo, rebelde e irreverente de Las Vegas, que con una devolución implacable y revés a dos manos, me hizo enamorarme del deporte blanco: Andre Agassi.

Sabía que el juego tenía una magia especial. Un deporte sin límite de tiempo y con una forma muy justa de llevar el marcador. Con reglas simples, que cualquiera puede entender, pero con una elegancia y majestuosidad digna de la realeza.

Me tocó la transformación de un juego que evolucionaba a una época moderna donde los colores de las vestimentas adornaban las canchas, dejando atrás el blanco tradicional, para que cada jugador pudiera externar su propia personalidad, dándole una nueva identidad al circuito. Las raquetas y el estilo de juego también evolucionaron: pasamos de saque y red, a potencia y más juego desde la línea de fondo.

Poco después, pero aún antes del nuevo milenio, en julio de 1998 en el torneo de Gstaad, un niño suizo de 16 años hacía su debut como profesional. Roger Federer había llegado al Tour de la ATP para quedarse. Tan sólo unos días antes había ganado en Wimbledon como jugador junior, lugar donde finalmente se consagraría como súper estrella, sumando ocho títulos y rompiendo todos los récords históricos sobre el césped sagrado del All England Club.

La grandeza de Roger Federer trasciende las canchas: su nobleza y calidad como persona son incluso más admirables que sus logros como jugador de tenis. No por nada es tan querido por todo el mundo. Honestamente creo que no hay nadie que no lo quiera, a diferencia de Rafa Nadal y Novak Djokovic, que tienen sus detractores, algo verdaderamente sorprendente.

Cuando empecé a ver sus partidos y el dominio que ejercía sobre sus rivales, me di cuenta que no podía dejar de admirar su trabajo en las canchas. La rivalidad y los duelos inolvidables con el ‘Toro’ de Manacor reafirmaron mi pasión por el tenis. Simplemente me dejé llevar por el juego de los dos genios y me dediqué, por más de una década, a disfrutar de sus hazañas por todo el mundo. Pero quedaba un pendiente: ver jugar a Roger Federer en México, activo y en plenitud de sus facultades tenísticas.

The Greatest Match, Ciudad de México

Como parte de una gira por Latinoamérica, Roger Federer finalmente se presentó -como profesional- para disputar un partido en México ante más de 42 mil aficionados en una cancha temporal que montaron –con una labor titánica de logística- sobre el ruedo de la Monumental Plaza de Toros México.

El esfuerzo de Mextenis para traer a Roger fue notable. Durante años, Raúl Zurutuza, director del Abierto Mexicano de Tenis, insistió para que el suizo jugara en Acapulco. Pero los compromisos de Federer en Dubai se lo impidieron (las fechas de los eventos se empalman, impidiendo que pudiera venir a jugar a México). Y aunque fue en un partido de exhibición, la expectativa por ver al mejor jugador de la historia, era realmente considerable. Los boletos se agotaron el mismo día que salieron a la venta, garantizando un lleno total en la Plaza México, y un éxito rotundo para la empresa organizadora.

Antes de emprender el viaje, Federer y Zverev tenían un compromiso en Bogotá, Colombia. Lamentablemente, la complicada situación social y política que se vive en el país sudamericano impidió que se llevara a cabo el encuentro. Un toque de queda dictado por Iván Duque, presidente de Colombia, obligó a la cancelación del evento. Entre lágrimas, el propio Federer anunció la mala noticia a los bogotanos, y tomó el vuelo a la Ciudad de México, llegando muy temprano a nuestro país, para enfrentar el compromiso en la Plaza México.

La Monumental de Insurgentes

La Plaza de Toros México fue inaugurada el 5 de febrero de 1946. Originalmente fue concebida como parte del proyecto de la Ciudad de los Deportes, que no se concretó. Pero quedó como un escenario imponente para el culto al un espectáculo que hoy, más que nunca, divide opiniones, herencia de la fiesta brava española. Sin embargo, por su capacidad e inmejorable ubicación, ha sido utilizado para distintos eventos culturales, conciertos y deportivos.

Quitando el tabú de los toros, La México es un recinto con mucha historia y tradición. A pesar de su edad, se mantiene en pie, resistiendo el paso del tiempo y los desastres naturales que han azotado a la capital. Su diseño circular la hace muy especial, con una vista perfecta desde cualquier punto, aunque en muchos sentidos ya acusa la edad. Sin atentar contra su esencia, se podría mejorar mucho en cuanto a servicios, baños y butacas en los tendidos, aunque sería una cuantiosa inversión que los nuevos administradores no han estado dispuestos a hacer, y a Rafael Herrerías nunca le importó.

A pesar de todo, no la cambiaría por ningún otro escenario para recibir a Federer en su visita a México. El inmueble aportó un sabor especial, casi místico. Mextenis acertó con su decisión: los 42 mil 527 aficionados que se dieron cita al evento, establecieron un nuevo récord mundial para un partido de tenis (al menos por el momento: en 2020, el propio Federer jugará con Rafa Nadal en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, ante más de 50 mil espectadores).

El Día D

“No hay fecha que no se cumpla… ni plazo que no se venza”, pregona el refrán popular. Y el día tan anunciado finalmente llegó: 23 de noviembre de 2019.

Muchos años había esperado para poder ver a Federer en mi país. Lo mismo el resto de los fans que se dieron cita en la Plaza de Toros México para The Greatest Match.

La primera vez que cubrí el Abierto Mexicano de Tenis como periodista fue en Acapulco en 2003. Antes había asistido a las instalaciones del Club Alemán en la Ciudad de México como aficionado. Pensaba que si alguna vez veía a Roger en México, sería muy probablemente en el puerto de Guerrero, pero nunca me imaginé que lo vería en mi ciudad natal (especialmente por el tema de la altura, a los tenistas no les gusta jugar en la altura).

En 2019 regresé a Acapulco y volví más enamorado del Abierto que nunca. Pude sacarle a Rafael Nadal la declaración del año, esa que le dio la vuelta al mundo: cuando le pregunté si Nick Kyrgios lo intentó sacar de quicio con un juego marrullero, Nadal me contestó, “a mi no me saca nada de quicio”. “No creo que sea un mal chico”, me dijo Rafa, y concluyó con la ahora célebre frase “pero le falta respeto para el público, para el rival y a sí mismo”. En ese momento sabía que esas palabras serían una bomba, y que difícilmente podría hacer mejor mi trabajo como periodista. Pero me faltaba la cereza del pastel: ver a Roger Federer en México y contar la historia.

Aún en marzo, seguía dudando que fuera posible. En verdad no me esperaba la sorpresa del anuncio de Mextenis del partido contra Zverev. En un año tan complicando, sin duda era la mejor noticia que podía recibir.

Para el partido me acredité con tiempo. Mandé todo los documentos que tenía que mandar. Seguí los pasos al pie de la letra. Asistí a la conferencia de prensa de la presentación del encuentro. Platiqué en exclusiva con José Antonio Fernández largo y tendido del evento y del futuro del tenis en México. Recibí por correo mi confirmación de acreditación. El sábado me desperté tempranito para recibir a Roger en el hotel sede y de pronto… el mundo se me vino abajo: sabía que para poder acceder a la conferencia necesitaba mi número de acreditación (el cual tenía), pero por alguna extraña razón, no había pasado a recogerla previamente a la Plaza México. No les puedo explicar cómo fue que pasó. Entendí mal el mensaje y crucé la información con el correo de la invitación a la rueda de prensa. Me quedé con la idea de que tenía que llegar con mi código de validación para poder entrar y ahí recoger mi acreditación.

Eran las 8:45 AM, justo la hora de la cita. Llegué puntual –como es mi costumbre- pero al registrarme, los chicos de la organización me hicieron notar mi gravísimo error: no llevaba la acreditación. En ese momento vinieron a mi mente las palabras del astronauta Jim Lovell, Comandante del Apollo 13, “Houston, tenemos un problema”, tras la explosión de uno de los tanques de oxígeno de la nave y después cuando dijo: “perdimos la Luna”. Yo pensaba: “perdí a Roger Federer”. Me quería morir del coraje y de vergüenza. Había pasado años, meses y días esperando por ese momento y yo hago la mayor tontería de la historia.

La mañana era perfecta: el sol brillaba más que nunca en noviembre, sin nubes en el cielo, augurando un clima inmejorable para el evento. Pero para mi, en el lobby del Hotel St. Regis, parecía el día más negro. Sentía como todo se nublaba a mi alrededor y en mi mente se desató una tormenta con rayos, truenos y centellas. De pronto, como en una película de Hollywood, en la oscuridad apreció un rayo de luz para darme nuevas esperanzas: “puedes ir ahora mismo a recoger la acreditación a la Plaza México”, me decía muy amable la señorita de la recepción. Sus palabras me devolvieron el alma al cuerpo, literalmente. Más tardó en decírmelo, que yo en salir corriendo a la colonia Nochebuena para acreditarme.

En las inmediaciones del inmueble ya hacían su aparición abundantes puestos ambulantes con todo tipo de mercancías con el nombre de Roger Feder y del evento deportivo del año. Al mismo tiempo, en el Hotel St. Regis comenzaba la conferencia de prensa: Alexander Zverev aparecía con una chamarra de la Selección Nacional con el número 8 en la espalda, y el suizo vistiendo la marca japonesa que le engordó la billetera para hacer olvidar la ropa de la palomita (que fuera su patrocinador por años). Notablemente emocionado, Feder mostraba su arrepentimiento por tardar tanto en regresar a México, país que visitó cuando aún era juvenil.

“Partirán Plaza”, afirmaba la portada de un reconocido diario, que colgaba de uno de los puestos afuera de la Monumental. Los ingenieros de las televisoras ajustaban los últimos detalles en los camiones estacionados sobre la calle Alberto Balderas. Yo recorría la avenida principal apresurado, buscando la puerta que me llevara directo al registro de prensa para enmendar mi error imperdonable. Apenado, saqué mi identificación y perdí perdón. Mi única justificación –aunque poco válida- fue que tuve una semana de mucho trabajo, saliendo de la ciudad para una prueba de manejo y el viernes asistí todo el día al 7th. Invitational de TIP en Bosque Real, donde John Sutcliffe no dejaba de recordar la visita de Federer a México.

Una foto, una firma digital y un regaño amistoso (aunque muy merecido), pero finalmente tenía en mis manos el pase que me abría las puertas al evento. Me asomé a ver la cancha, que lucía espectacular, y me percaté del trabajo que ya realizaban los peloteros que practicaban para su presentación por la tarde.

En Reforma, Roger y Alexander terminaban su comparecencia ante los medios de comunicación y se preparaban para su entrenamiento en La México. El trayecto que me tomó media hora por tierra (sin tráfico), lo hicieron en tan sólo algunos minutos en helicóptero, después de hacer un pequeño tour aéreo por la ciudad. Aterrizaron en el campo del Estadio Azul, y entraron al ruedo por un túnel que conecta a ambos escenarios. Desde que la aeronave tocó tierra, Roger no dejó de saludar a la gente que ya estaba presente para recibirlo, tomándose más tiempo con los niños.

En la acera, conforme avanzaba la tarde, los puestos de comida comenzaban a llenarse. Una enorme paellera –yo calculo que tenía por lo menos 2.5 metros de diámetro- se preparaba para recibir a sus comensales. Las taquerías no se daban abasto con la cantidad de gente buscando algo para comer, y los puestos de souvenirs seguían haciendo su agosto en noviembre. Había gente con gorras con el logo RF por doquier. Todos querían llevarse al menos un recuerdo de la visita del ‘GOAT’ (Greatest Of All Time), a México.

El Clásico México vs. Estados Unidos en su Versión Tenística de Dobles

A las cinco de la tarde, el sonido local anunciaba a los hermanos Bob y Mike Bryan, en su momento, la mejor pareja de doblistas del mundo. Después los nombres de Santiago González y Miguel Ángel Reyes Varela, la pareja de mexicanos que fueron oavionados por el público de La México. Vistiendo la playera de la Selección Nacional con los nombres Santi y Micky en la espalda, saltaron al ‘ruedo’, para enfrentar a los Bryan.

El encuentro, en un formato de dos sets sin ventajas y con un juego de desempate, resultó sumamente emocionante. El primer set se lo llevaron los mexicanos jugando muy buen tenis, demostrando su talento y lo bien que se acomodan como pareja de dobles. El segundo set fue para los Bryan, que apretaron la quijada y sacaron el orgullo para competir, a pesar de tener a una tribuna volcada hacia los mexicanos. En el juego de desempate, Santi y Micky dominaron para poner los cartones finales 6-3, 4-6 y 10-2.

Algunos puntos fueron muy largos y emocionantes, con peloteos intensos, y generalmente ganados por los mexicanos de manera espectacular. Con un ambiente de Copa Davis, el público se divirtió con un buen partido, entregándose a las dos parejas. Los Bryan bromearon por lo complicado que es jugar en la Ciudad de México, acusando la falta de aire por la altura. Los mexicanos aplaudieron el apoyo que recibieron del público capitalino y festejaron en grande su triunfo, agradeciendo la oportunidad de formar parte de un evento tan importante.

Su Majestad, Roger Federer y Alexander Zverev Parten Plaza en La México

Ante el marco imponente de La México, Roger Federer y Alexander Zvererv partieron plaza y recibieron una ovación de pie. Ya de noche, con la espectacular iluminación artificial, la ola que recorría los tendidos y el estremecedor grito de ‘Roger, Roger’, comenzó el partido.

Las banderas de Suiza y los mensajes de “Nos vemos en Acapulco”, aparecieron en los tendidos, arengando a su ídolo, que empezaba a mostrar algunos destellos de su talento en la cancha. Pero Zverev estaba dispuesto a no ceder y ponerle las cosas complicadas al de Basilea. Mostrando su poderoso servicio (en un juego metió un as de 238 kilómetros por hora), y con una derecha contundente –los cañonazos parecían no dar tregua- el alemán se llevó el primer set 3-6. 

A Roger le costó más trabajo adaptarse a la altura y empezar a pegar los tiros a los que nos tiene acostumbrados. En el segundo set elevó su nivel y comenzó el verdadero espectáculo del relojito suizo.

La gran maravila de un juego de exhibición es que los jugadores entran distendidos a la cancha y aunque se toman el partido muy en serio –son tremendos profesionales- hay puntos en los que se permiten bromear, mostrando sus recursors histriónicos. Tras otro servicio potentítismo de Zverev –que Federer no estuvo ni cerca de atajar- para contrarrestar la velocidad del alemán, Roger simuló una repetición en vivo en cámara lenta, para entonces sí poder impactar la pelota. Un chiste que fue bien recibido por el público que agradeció el gesto genial del suizo. Por el otro lado, Zverev también pedía a la gente que lo aplaudieran, y terminó llevándose otra gran ovación. A pesar del poderoso servicio del alemán, el segundo set fue para Federer 6-4.

Para el inicio del tercer set, Roger se veía mucho más cómodo en la cancha. Con su saque desarmó el drive de Zverev, quien pareció resentirse de una lesión en su costado derecho. Incluso empezó a tener problemas para servir. De pronto se borraron por completos los balazos que superaban los 200 kilómetros por hora, y comenzaron a aparecer las dobles faltas. 

En el cambio de cancha, llegó uno de los momentos más emotivos de la noche: Federer se acercó a las tablas para regalarle una raqueta a un niño que se encontraba en una barrera de primera fila, cerca de la puerta de toriles. Después, el propio Roger le tiró unas pelotas desde la cancha para que pudiera devolverlas con su nueva raqueta, un momento inolvidable que se robó los corazones de los aficionados en los tendidos. Los gritos de “te amo Roger”, no pararon desde el inicio del juego. De vez en cuando, el ganador de 20 grand slams, con la sencillez que lo caracteriza, volteaba para corresponder las muestras de cariño.

Con un Zverev disminuido, sin poder meter el primer servicio, Federer se hizo del tercer set 6-2, y ganar el encuentro. Visiblemente emocionados, los dos jugadores se fundieron en un largo abrazo en la red, algo poco común en un partido tradicional de tenis. Se nota que ambos personajes se hermanaron durante la gira y que el propio Zverev aprendió mucho de la grandeza de Roger, dentro y fuera de las canchas. Tuve oportunidad de conocer a ‘Sascha’ en Acapulco y lo sentí mucho más agrandado. En la Ciudad de México, encontré a un Alexander más humano y maduro, un cambio radical en menos de un año. No tengo duda que le va a servir para arrancar la temporada 2020 con una mayor mentalidad. Será nuevamente uno de los jugadores a seguir, junto con Medvédev y Tsitsipás (de la nueva generación).

Al final del encuentro, Renata Burillo, Raúl Zurutuza y José Antonio Fernández, entregaron los hermosos reconocimientos de plata con el tema del árbol de la vida a los jugadores, que también reconocieron el esfuerzo de la empresa para organizar el evento. En las tribunas comenzó el grito “Acapulco, Acapulco”, con gran fuerza. Federer se limitó a reconocer los intentos de Raúl por llevarlo al Abierto Mexicano de Tenis, pero reiteró su compromiso con el torneo en Dubai, razón por la que no le es posible presentarse en el puerto. Pero prometió regresar a México y no tardar 23 para hacerlo, lo que calificó como un tremendo error.

Alexander Zverer reafirmó su admiración por Roger y dijo que no había manera de empezar a compararse con él. Mostró su calzado especial para el encuentro de México y afirmó que era el mejor día de en su carrera profesional. Agradeció a todos los presentes, que ayudaron a romper el récord mundial para un partido de tenis con una asistencia oficial de 42 mil 527 aficionados.

Me tocó a estar a escasos metros de ellos, sobre la cancha, cuando Carolina Guillén los declaró oficialmente mexicanos. Raúl les entregó unos sombreros charros, a lo que Roger dijo: “siempre quise tener uno de estos”. Con sus trofeos y los sombreros, dieron una vuelta al ruedo para agradecer a la afición mexicana. Federer se quedó más tiempo para firmar autógrafos en la puerta de cuadrillas, lugar por el finalmente tomó el túnel hacia los vestidores.

A la salida del túnel me encontré con Román Pérez, Director de Infraestructura del Abierto Mexicano de Tenis, a quien le hice una interesante entrevista sobre la complejidad de organizar el evento en Acapulco. Ahora nos quedamos platicando de la logística que se requirió montar la cancha para The Greatest Match en La México y lo bien que salió el evento. Mextenis tiene mucha experiencia y el mejor equipo de profesionales para llevar a cabo estos esvento. Como me comentó José Antonio en su momento, la pelota estaba en su lado de la cancha para que todo saliera perfectamente. Y así fue.

Junto con mi colega de redes sociales de ESPN, fuimos los últimos en dejar la zona de entrevistas, justo cuando se llevaron a Roger y a Sascha en unos carritos de golf para atravesar el túnel que conecta con el Estadio Azul y tomar el helicóptero para abandonar el recinto.

La noche fue mágica e inolvidable. Gracias a Mextenis por dejarme contarles la historia. Les puedo decir que el momento en que los jugadores saltaron a la cancha, la emoción fue tan grande y conmovedora, como pocas veces he sentido en mi vida. El escenario sí importa, no tengo duda. No hubiera sido igual en ningún otro lugar del mundo, así sea Londres, París, Melbourne o Nueva York.

El único detalle, que lamentablemente tengo que comentar, es que en México nos sigue faltando mucha educación, un punto muy importante que hace la diferencia con los países de primer mundo. Y estoy hablando de personas con el poder adquisitivo para pagar una entrada para un evento caro, y aún así hay quien lamentablemente no se sabe comportar a la altura. El partido fue un exhibición, pero la gente no sabe respetar los momentos de silencio del juego. Y lo más lamentable fue cuando comenzaron a arrojar los cojines al ruedo, algo que se acostumbra hacer cuando se terminan las corridas de toros, pero no en el tenis. Fue un momento de muy mal gusto por parte de la afición, que tomó por sorpresa al propio Federer que no entendía lo que estaba pasando. Incluso cuando el sonido local pidió que no lo hicieran, no faltaron los necios que siguieron aventando las almohadillas a la cancha.

Parece que la gente confunde “poner ambiente”, con la falta de educación y respeto. Si en un estadio de fútbol se ve mal, en un partido de tenis, un deporte de damas y caballeros, se ve peor. No podemos permitir que sigan pasando este tipo de situaciones que nos marcan con tinta indeleble, empañando una perfecta organización y un evento de primer nivel. La entrega, el calor y el cariño del público mexicano son incondicionales, pero también hay que mejorar en muchos aspectos que son igualmente -o más- importantes.