Sexo, Drogas, Rock & Roll

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Por lo general, cuando alguien alza la voz cantando el grito generacional de los sesenta, ese que dicta “sexo, drogas y rock and roll”, hay quienes tienden a ordenarlo como rock-drogas y rock-sexo, como si el rock fuera eje rector de los otros dos elementos. Por fortuna, la exposición Sexo, drogas, rock and roll: Arte y cultura de masas en México, 1963-1971 del Museo Universitario del Chopo rompe con ese orden y toma al sexo, a las drogas y al rock and roll como líneas paralelas, cada una independiente a las otras, aunque eso sí, sucedáneas.

Drogas. La experimentación medicinal, las puertas de la percepción, María Sabina, Las enseñanzas de don Juan, la psicodelia, el arte psicodélico y demás son algunos de los elementos que conforman la sección dedicada a las drogas. No es secreto que en la década de los sesenta fue cuando se dio la explosión de la industria de las drogas ilegales en el mundo (marihuana, por el lado orgánico; LSD, representando a las drogas sintéticas, entre otras), pero la exposición no aborda desde este punto de vista el tema. Al contrario, lo aborda desde una visión creativa. En lugar de cuestionar el consumo, reflexiona sobre cómo éste intervino en el desarrollo de diversas actividades artísticas, ya fuera en lo musical como el rock, en lo literario como Las enseñanzas de don Juan, o en lo plástico como en las obras psicodélicas de Carlos Nakatani expuestas.

Sexo. La revolución sexual, los bikinis, las minifaldas, el fisicoculturismo, la homosexualidad, la publicidad de la sexualidad, el diseño de modas y el erotismo engloban a grandes rasgos el espacio enfocado al sexo. El movimiento feminista es visto como catalizador del movimiento sexual de los sesenta, como la piedra lanzada al agua cuyas ondas concéntricas comienzan a mover las plácidas aguas del conservadurismo sexual. Los diversos medios, desde cine hasta fotonovelas, echan mano de una sociedad que, aunque conserva su mojigatería sexual, consume la explotación del cuerpo humano como producto, ya sean unas piernas torneadas de mujer o el abdomen de lavadero de un hombre. Aquí vemos fragmentos de la cinta El pecado de Adán y Eva, fotografías de diseño de bikinis e incluso mobiliario que bien podría haber sido parte de la película Saló: Los 120 días de Sodoma.

Rock and roll. Los Tepetatles, Juan José Gurrola, el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro y Sergio García Michel resumen la historia del rock mexicano de los sesenta en la exposición. Para cualquier seguidor del género podría ser un resumen incompleto, limitado; sin embargo hay una razón para centrar el rock hecho en casa a los nombres mencionados: su relación con otras artes. Los Tepetatles y la obra musical de Juan José Gurrola son parte de la muestra más “intelectual” o “artística” del rock sesentero mexicano, Sergio García Michel aparece gracias a su labor incansable como cineasta superochero interesado en registrar en imágenes a lo que sonaba el rock y, por último, el Festival Avándaro como meca de la música en vivo y el contacto social gracias a la música.

Esta exposición corría un riesgo latente al buscar exhibir un tema –o tres- tan estudiado y expuesto en diversas muestras, porque tan choteado está el lema “sexo, drogas y rock and roll” como las aproximaciones de museos a esos tres elementos. Los curadores de esta exposición supieron escoger y presentar obras de manera que el fanático de rock difícilmente va a encontrar algo nuevo en la sección dedicada a éste, pero seguro aprenderá algo al recorrer lo expuesto en Sexo y en Drogas. Lo mismo pasa para el experto en sexo o el que lo es en drogas. En este sentido se logra acercar al visitante a un conocimiento global –aunque limitado, por la extensión, en cuanto a espacio, de la exposición- de la o las contraculturas en México durante los sesenta.