Emotivo Concierto de la Orquesta Sinfónica de Minería, Tributo a Broadway

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Broadway es una legendaria calle de Manhattan, NY, que atraviesa la plaza Times Square; uno de los lugares más emblemáticos de la Gran Manzana. Pero Broadway también es sinónimo de teatro y, principalmente, de sus famosos musicales.

La Orquesta Sinfónica de Minería decidió celebrar el año nuevo en conjunto con el Auditorio Nacional ofreciendo una serie de conciertos de “música ligera y de gozo”, en voz del propio maestro José Areán, director asociado de la OSM. Ayer tuvimos la oportunidad de disfrutar el programa dedicado a Broadway y sus musicales.

Con más de 80 músicos en escena, deleitaron al público presente con un repertorio que incluyó la música de obras inolvidables como Los Miserables, My Fair Lady, El Rey León y West Side Story. Pero, sin duda, el momento estelar fue la interpretación de la Rapsodia en Azul de George Gershwin, con Mauricio Náder al piano. A pesar de no ser una obra de Broadway como tal, decidieron incluirla en el programa por su belleza y la cercanía de Gershwin con el teatro musical.

La ovación fue una de las más sonoras de la tarde, incluyendo aplausos de pié y los gritos de “bravo, bravo”, que hacían vibrar al Auditorio Nacional. Lamentablemente, vivimos un momento de tensión terminada la pieza: cuando movían el piano de cola para continuar con el concierto, la pata trasera se rompió, cayendo al piso estrepitosamente. Todos reaccionamos asombrados y claramente preocupados. A pesar de que la pieza principal de piano había concluido, no sabíamos si el concierto podía continuar. José Areán con gran sentido del humor preguntó, “¿hay algún doctor de pianos presente?”, tratando de aligerar el momento de tensión.

El concierto se retrasó sólo unos minutos y pudimos disfrutar el resto de la función sin mayores contratiempos. Siguió un medley con la música de El Rey León y finalmente una extraordinaria interpretación de las Danzas Sinfónicas que Leonard Berstein del musical West Side Story, una versión moderna de Romeo y Julieta, con un desenlace distinto al escrito por Shakespeare, donde los protagonistas pueden consumar su amor.

Nuevamente el auditorio aplaudió de pié, entregándose con una ovación que duró varios minutos. En agradecimiento, la Orquesta Sinfónica de Minería nos regaló como encore una pieza que “nada tiene que ver con Broadway, pero sí mucho que ver con México”, como describió José Areán el Hupango de Moncayo. Si he de decir la verdad, a pesar de la bella música que pudimos disfrutar, para mi fue el momento más emocionante, que nos recuerda las maravillas que tenemos en nuestro país.

El próximo domingo (19 de enero), se llevará el último concierto de la OSM en el Auditorio Nacional con el programa Danzas Sinfónicas que además contará con la participación de bailarines y la coreografía de Ruby Tagle.

Un detalle que me sigue preocupando es la falta de respeto de algunas personas en la sala: durante el concierto hay mucho movimiento, gente que camina en los pasillos, otros que llegan tarde y durante la interpretación de las piezas buscan sus lugares. Algunos incluso se quedan de pié sin importarles si molestan a los que llegaron temprano y están sentados disfrutando del concierto. También los papás que llevan niños y les permiten hacer ruido. Los niños son niños, pero la cordura debe caber en sus padres y educarlos para disfrutar de un espectáculo cultural.