Museo del Punk Mexicano

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Son morenos, están malvestidos, seguro apestan, sus rostros están llenos de furia y suciedad, su mirada tiene algo de muerta. Bailan, se abrazan, pintan dedo, echan cremas, escupen, mean o cagan. Son punks, pero no viven en un barrio pobre del cosmopolita Londres, ellos, los que vemos de frente, vienen de los arrabales de la Ciudad de México, son la gota de fango de una ciudad encharcada, ombligo de la ruina.

Estamos acostumbrados al punk caucásico, que, aunque pobre, es blanco, rubio, de ojo claro y alto. Nos lo han mostrado las lentes de fotógrafos como Edward Colver y Jenny Lens en California o Karen Knorr y Oliver Richon en Londres. Pero, ¿cómo se ven los punks mexicanos? Eso es lo que nos enseñan las lentes de Pablo Hernández “El Podrido”, Marisol Enríquez y Eduardo Salazar. El primero, “El Podrido”, es uno de los punks más preocupados por la documentación de las escenas subterráneas en el DF, por ello es autor del libro “Historia del graffiti en México” y colaborador del Museo del Punk Mexicano, una muestra de objetos, carteles, discos y fotografías ubicada en el Faro de Oriente.

Las fotografías comparten espacio sobre una pared blanca con carteles de tocadas que ponen de manifiesto el trabajo que semana a semana desde hace más de 30 años ejercen bandas como el Amaya, Rebeld’ Punk, Síndrome y Yap’s. Frente a la pared se exponen galerías con fanzines, discos y hasta un atuendo típico del punk: el pantalón de mezclilla roto y la chamarra de piel adornada con parches negros fijados con ganchos.

En total, esta exhibición contiene alrededor de 200 objetos testigos del punk defeño de la década de los ochenta hasta llegar a nuestros días. Y como si se tratara de una paradoja, en muchos de estos objetos aparece la frase “El punk no está muerto”, como un epitafio perteneciente a un movimiento acabado, pieza de museo. Pero quizá renazca el 8 de abril, día en que la muestra deja su estancia en el Faro de Oriente y regresa al punk a su hábitat natural: las banquetas de la ciudad, entre los basureros y las cañerías abiertas.